Hoy me quejo de Fagor

Siguiendo la línea de compartir con el mundo mis quejas como consumidor, que empecé la semana pasada con Jazztel, sigo hoy quejándome del servicio de atención al cliente de Fagor. Hace un par de semanas, la lavadora empezó a hacer un ruido muy raro. Incluso cuando el tambor no gira, el ruido anuncia la inminente rotura de alguna tripa del aparato. Antes de que se produzca el luctuoso evento, llamamos al servicio de atención al cliente para que manden a alguien a reparar el electrodoméstico, que aún está en garantía. Hay que reconocer que las operadoras del call-center son muy agradables y eficientes, así que tomaron nota y nos quedamos a la espera de que el técnico nos llamara para “concertar la cita” (palabras textuales de la operadora).

Pasada una semana desde el aviso, anoche me dio por comprobar los mensajes del contestador de casa. Resulta que había una llamada perdida, de las 13:25, de un técnico de Fagor que anunciaba que se iba a pasar por casa a partir de las 14:00. Esa hora, la una y media, coincidía, además, con una llamada perdida en mi móvil (suelo acumular seis o siete llamadas perdidas a lo largo del día y no puedo contestar a todas: es lo que pasa cuando recibes otras veinte que sí coges). Hoy, he llamado al número que me dejó la llamada, sin mensaje, en el móvil y, efectivamente, era el técnico de Fagor. Pues el buen señor me ha echado la bronca porque se pasó por mi casa a las 14:15 y no había nadie, lo que le había hecho perder mucho tiempo. Con un poco de ironía, otro de sarcasmo y algo de mala leche, le he explicado que eso es lo que suele pasar cuando no “conciertas citas”, sino que “te anuncias”, como hacen los Reyes y otras Autoridades. Y encima, con menos de una hora de antelación y sin recibir confirmación. Pues eso, que si haces viajes en balde como ése muy a menudo, igual te lo tendrías que hacer mirar, por si el problema realmente es tuyo.

Esta noche, llamaré a Fagor a quejarme por el asunto. No sé cuánto caso me harán, pero más les vale hacerme la pelota un poco. Sobre todo porque, no lo olvidemos, todo esto ha comenzado porque su producto ha fallado. No es un capricho mío. Es un fallo suyo.

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