¡Qué mal va la Royal Navy!

El asunto de los militares británicos detenidos en Irán durante casi dos semanas por, supuestamente, haber violado sus aguas jurisdiccionales ha tenido múltiples lecturas en los diversos medios de comunicación. Yo tengo la mía, que he venido rumiando desde que vi las primeras imágenes de los militares. Aquella carta escrita a su familia por una de los detenidos y sus imágenes fumando con la cabeza cubierta por un pañuelo me llamaron la atención sobre una situación que no puedo calificar más que como “harto extraña”. Los vídeos que siguieron a aquél, con las “confesiones” de otros soldados que incluso desentrañaban los detalles de su misión ante un mapa, no hicieron más que intensificar mi sentimiento de extrañeza ante las actitudes de unos soldados de los que yo esperaba otra cosa.

No entraré a juzgar muy en profundidad si es cierto o no que sus acciones se produjeron tras haber sido maltratados psicológicamente. Muy probablemente, lo habrán sido, aunque nunca sabremos con certeza los detalles y la intensidad de ese maltrato. El simple hecho de ser detenido por la Guardia Revolucionaria de una semi-dictadura islamista supone ya una importante presión psicológica. Los vídeos en los que aparecían comiendo apaciblemente, “confesando”, fumando o, más recientemente, jugando, no daban la sensación de que los militares estuvieran sufriendo de forma intensa, pero también asumo que lo que nos ha llegado no es más que aquello que el gobierno iraní deseaba que se viera.

En cualquier caso, el asunto es el siguiente: con presiones e intimidaciones o sin ellas, la actitud de los militares ha sido enteramente reprobable. De un soldado se espera algo más que mearse en los pantalones al oír cómo se amartilla un fusil a su espalda o cómo le toman medidas para un ataúd. Aún es más, lo que se espera de ellos es que incluso afronten la muerte con valentía. Si no están dispuestos a ello, quizá deberían haberse planteado otra carrera profesional. Si bien la cesión ante las presiones puede comprenderse desde una perspectiva meramente humana, la condición de militares profesionales y, en algunos casos, de carrera, de los detenidos incluye un factor diferencial esencial. Un análisis mínimamente racional de la situación les hubiera llevado a darse cuenta de que Irán no podía permitirse ni muertos, ni mutilados y, ni siquiera, algún ojo morado. Tanto si cedieron a las presiones inmediatamente, es decir, sin oponer casi ninguna resistencia a ellas, como si desaprovecharon el tiempo para racionalizar la situación, el resultado es que se sometieron a las indicaciones de sus captores de forma muchísimo más rápida y simple que lo que se esperaba de ellos como miembros de las Fuerzas Armadas del Reino Unido. Sinceramente, incluso las afirmaciones de que, al ser rodeados, se rindieron sin enfrentamiento y resistencia alguna porque el enemigo les superaba en número y armamento me han hecho preguntarme a qué tipo de entrenamiento se somete últimamente a los integrantes de la Royal Navy. Más digna hubiera sido la huída al detectar las embarcaciones iraníes.

Quizá, para los quince detenidos, prestarse a salir en esos vídeos, haciendo vida normal o reconociendo haber entrado en aguas iraníes (sea esto cierto o no), fuese una manera fácil de no ser sometidos a más presiones psicológicas y, muy probablemente, en su necedad, no fueron capaces de entender el daño que estaban causando con sus rápidas cesiones. Esos vídeos valdrán durante años para incitar a la juventud más radical de Irán y de muchos otros sitios, pues serán usados para demostrar que Irán está sometido a constantes ataques por parte del mundo occidental. En caso de que, en el futuro, se produzca cualquier tipo de enfrentamiento bélico entre Irán y cualquier potencia occidental, los iraníes escribirán la historia con este suceso como inicio, por parte del Reino Unido, de las acciones armadas.

¿Dónde quedó aquello de “nombre, rango y número de identificación”? ¿Tan poco hace falta para que un soldado señale en un mapa la posición de todos los barcos de su fuerza y los detalles de sus operaciones? Si todo esto es aplicable a los marineros e infantes de marina, mucho más lo es a los oficiales que había entre ellos (como mínimo, que a mí me conste, un capitán y un teniente; ahí es nada), que debían haber dado ejemplo y haber creado entre la tropa el clima adecuado para afrontar la situación con la diligencia esperada. Su debilidad no sólo ha minado la posición estratégica de las fuerzas occidentales ante la crisis de Irán sino que, potencialmente, ponía en peligro al resto de sus compañeros destinados en la zona. Una responsabilidad demasiado grande como para haberse sometido con tanta facilidad a la maquinaría de propaganda iraní.

Difícil de entender es, también, la postura de sus mandos, que han apoyado por completo las acciones de los detenidos. Está bien lo de cerrar filas con aquellos que han sido tratados injustamente, pero no me parece muy lógico asumir públicamente que “es normal” colaborar con el enemigo con tanta facilidad y devoción. Está claro qué harán los próximos que sean detenidos.

Por cierto, ¿dónde están todos los que tantas veces invocaban a la Convención de Ginebra con respecto a los presos de Guantánamo? No he oído ni a uno reclamar el mismo respeto para estos presos (aunque, ni en un caso ni en otro, fuese de aplicación, atendiendo a la literalidad del texto.)

Escribe un comentario